¿QUÉ LEEN TUS HIJOS?

Para empezar, confesar que en mi casa convivimos dos lectoras compulsivas, dos lectores discretos y el enano, que no coge un libro ni por asomo. Esto último duele a una madre como yo, que estoy todo el día con un libro en la mano. Como todos los padres, hemos leído libros a nuestros churumbeles desde pequeños, A mi enano le gusta más oír cuentos inventados por su madre que los que están en los libros. ¡Pero lo conseguiré! ¡Ya veremos quién gana el pulso!

Algo fundamental para iniciarse en el amor a la lectura se dejar que los niños escojan sus lecturas según sus intereses. ¿Quién quiere tragarse un ladrillo? Yo soy la primera que no. Las lecturas de los tiempos de ocio deben ser placenteras e incluir todos los géneros, novelas, libros informativos, comics,.. lo importante es empezar, aunque el libro verse sobre Minecraft, cómo cuidar mascotas o recoja records mundiales. 

Recuerdo que hace unos cuatro años, mi hijo segundo llegó entusiamado con un libro que le había recomendado un amigo. "El diario de Greg" Yo eché un vistazo y me pareció políticamente incorrecto pero definitivamente divertido y acorde con el carácter de rompe y rasga de mi hijo. Se lo comenté a una profesora que me lo desaconsejó porque enseñaba conductas desaconsejables con un vocabulario pobre. ¡Qué poca visión! Mi hijo tiene toda la colección de Greg, y para él fué una lanzadera para empezar a leer cosas más "interesantes". 


Yo recuerdo perfectamente cuál fué el primer libro "largo" que leí y quién me lo regaló. Desde ese momento hasta hoy he leído todo tipo de obras, unas sesudas y otras más ligeras, dependiendo de mi estados de ánimo en el momento. 

Parte de mi amor a la lectura se la debo a mis padres y guardo memorias maravillosas de mis búsquedas de tesoros escondidos con ellos de en las ferias del libro nuevo y de ocasión. Esa sensación de bucear en un océano de letra impresa y elegir entre ella mis compañeros de los siguientes meses son algo difícil de olvidar. ¡Dejemos elegir a nuestros hijos!. 

Merece la pena dedicar un rato de tanto en tanto para ir a la biblioteca municipal con los niños a escoger libros, o perdernos en una librería con ellos para que elijan ellos también, a sus compañeros. En estos lugares se organizan actividades de animación a la lectura "gratis". En todas las buenas bibliotecas y librerías hay personas que nos pueden aconsejar, sobre todo si son expertos en el mundo infantil y juvenil, como El dragón lector en Madrid (http://libreriaeldragonlector.blogspot.co.uk). Conozco un sitio maravilloso para literatura infantil y juvenil en inglés, realizado por expertos, que establece categorías por edad, materia, intereses, libros para niños con dislexia, libros con premios...donde realizan un examen exhaustivo de cada libro y autor. Es un sitio magnífico.(http://www.lovereading4kids.co.uk/) Por favor, si conocéis un sitio parecido en español, compartidlo.

Los que sabemos lo que es consumirse con una historia, no poder dejarlo, quitar horas al sueño para leer, debemos transmitírselo a nuestros hijos. ¡Hagamos de la lectura una de sus pasiones!

Familia numerosa. Un niño, dos niños, tres niños

¿Qué cambia del primer bebé al último? Un mundo. Si vas a tener tu primer bebé, seguramente te sentirás agotada con el peso de esa barriguita cada vez más grande y por los malestares que seguramente habrás sentido los primeros meses de embarazo. Disfruta mucho de todo. La primera patada, la imagen de tu hijo en la ecografías, la compra de todo lo necesario para tu bebé, las noches de sueño continuado, los planes "solo"de adultos, la relación con tu marido o pareja... Mímate y deja que te mimen. Desde el momento en que des a luz, todo eso va a cambiar. Espera y verás. 

Tener varios niños es cansado pero también más divertido y saludable para tu prole. Las mamás de hijos únicos suelen tener "tesoros", las madres de más tenemos niños, aceptamos mejor sus diferencias, sus virtudes y defectos, Como hija única que soy, muy querida, acompañada y comprendida quiero lanzar una lanza desde aquí para animaros a tener familia numerosa, Quiero daros una muestra práctica de lo que cambia la vida de tener uno a tener tres.




Con la primera, esterilizaba todo apenas rozaba una superficie que pensaba "contaminante" y salía con mi hija como un pimpollo en el cochecito lleno de puntillas. El tercero no ha conocido las tetinas esterilizadas (solo bien lavadas, claro está) y no conoció el cochecito, ni con puntillas ni sin ellas. Su vida se redujo a cuna y Maxi Cosi. 

La primera utilizó faldones sus primeros cuatro meses, el segundo dos, y el tercero semanas. 

La primera y el segundo estuvieron en mi habitación del hospital todo el tiempo desde el primer día, el tercero disfrutó del nido del hospital mientras su mamá se recuperaba. 

La primera se acostumbró al "corralito", el segundo y el tercero directamente gatearon por toda la casa tras los pasos de su hermana. 

Con la primera jugué activamente muchas más horas al día, los otros dos aprendieron a jugar más con ella y menos conmigo. 

A la primera no la dejaba ni a sol ni a sombra, el tercero entendió rápido que mamá desaparecía unas horas al día y luego venía a estar con él, que seguía vivo y feliz. 

La primera no probó una "chuche" hasta los cuatro años, el tercero conoce los gusanitos desde que empezó a comer sólido.

La primera durmió desde el primer día en su habitación, en cuanto llegaron los otros dos, hasta los siete años aproximadamente, en casa se sabíamos con quién nos acostabamos pero no en qué cama amanecíamos
La primera exigía atención continua, el tercero espera su turno con paciencia. 

La primera vió todas las pelúculas de Disney existentes en el momento, el tercero ha visto la tercera parte pero desde los tres años sabe quienes son Harry Potter, Spiderman y los integrantes de la selección española de fútbol. 

Y en la actualidad, con ocho años de separación entre la primera y el último, la lucha nocturna continúa para convencer al enano que tiene diferentes horarios que sus hermanos.

¿Alguien se anima?

¡Cómo sobrevivir a una Fiesta de Pijamas!

Aún guardo en la retina la imagen de ocho niños de nueve años correteando por la casa a las 12 de la noche, inasequibles al desaliento. Fué sin lugar a dudas uno de los momentos más estresantes de mi vida.

Y es que yo, en principio, tenía todo bajo control. De menú, perritos calientes, hamburguesas, pollo empanado y patatas fritas con ketchup, a gusto del consumidor, bien regado con fanta y zumos de todos los sabores, aparte de la tarta, claro está.




Había organizado concursos con premios para la Fiesta de pijamas de mi churumbel. Ya sabéis, el tan manido "regalo sorpresa" que se encuentra bajo un montón de envoltorios que forman un paquete que pasa de mano en mano, el juego de las sillas, enceste en canasta, dardos... Hasta ahí la cosa estuvo más o menos controlada. Lo peor llegó cuándo comenzó el juego estrella de la fiesta: "La caza del tesoro", todavía no logro explicarme cómo explotó la situación y degeneró en batalla campal por un lado y partido de fútbol en el pasillo por otra. Con los nervios a flor de piel, decidí, para calmar los ánimos, ponerles una "peli" para que se fueran amodorrando poco a poco frente a un gran bol de palomitas y sobres de chuches. De esta "cayeron" cuatro, que transportamos hasta la habitación dónde habíamos instalado tres camas y cinco sacos de dormir. Los niños que habían sobrevivido a la película, una vez terminada, decidieron jugar al parchís, aunque duraron un minuto... el que tardaron en planear ir a despertar a los que ya estaban en los brazos de Morfeo. Ya creía yo que era pan comido poner a dormir a estos dulces bomboncitos que jugaban en el salón cuándo un grito desgarrador me perforó el tímpano. Al salir el pasillo pude comprobar como la mitad de los invitados corrían persiguiendo a la otra mitad... Cuando conseguí que aquella jauría me escuchara, trasladé la mitad de los sacos de dormir al salón. Sin cerrar las puertas de las estancias donde dormían y sin dejarles levantar la cabeza; convertida en policía, me atrincheré en el pasillo hasta que el último claudicó a la una y cuarto de la madrugada.

Tras esta experiencia, me prometí no volver a organizar una fiesta de pijamas nunca más,.. hasta que mi hija mayor, de 13 años me miró con esos ojitos y me propuso celebrar su cumpleaños con una "Pyjama party". Incapaz de resistirme a sus encantos, acepté este nuevo reto pensando que las niñas son más tranquilas y bajo promesa de que sólo vendrían cinco... que se transformaron en diez. Una vez cenadas las pizzas, vieron una película muy tranquilitas. Luego empezó la fiesta... mientras unas se hacían mascarillas con "productos naturales" procedentes de la nevera, otras montaban la "disco" en el salón... Menos mal que yo ya estaba curada de espanto, y tras aceptar la situación y dada la edad pre adolescente de las féminas, acepté resignada el asalto al "frigo" y el préstamo de todos mis instrumentos de manicura, a cambio del fin del "sarao" musical. 

Estoy convencida de que para mis hijos estos han sido celebraciones de cumpleaños inolvidables.

Si alguna de vosotras ha triunfado con este tipo de celebraciones, por favor, compartir vuestras experiencias conmigo ¡El pequeños de mis hijos aún no ha tenido a bien proponerme su Fiesta de pijamas y tengo que estar preparada para ese momento!

De museos con los niños

Espero no ser la única cuyos niños convertidos en piratas han recorrido un museo a grito pelado, o han empezado a berrear en la sillita... y es que esos sitios suelen tener una acústica fuera de serie.

Normalmente es perfecto visitar museos con bebés de hasta dos años ya que una vez alimentados suelen estar tranquilos y si hay suerte, dormidos. Aunque en este caso, en determinados museos debes lidiar con unas interminables escaleras del siglo XVI, el carrito, la bolsa con los pañales... Y el niño que se despierta.

Entre los dos y los seis años aconsejaría ceñirse a los museos enfocados a los niños, los que tienen cosas de su interés, como el Museo de Ciencias de Madrid, el Oceanográfico de Valencia, Dinópolis, en Teruel, la Casa del Hombre en La Coruña, el Museo del Pan en Mayorga, el Museo del ferrocarril de Madrid... Seguro que todos podéis señalarnos los museos interesantes de vuestra provincia.

Por otra parte, todos los grades museos tienen talleres y actividades para familias y para niños. Este es un método interesante de acercar a vuestros hijos a los museos, "viviéndolos" guiados por profesionales.

Y no nos olvidemos de que hay museos que les van a sorprender, como los de cera, o los de su equipo de fútbol favorito o el Museo del ejército o la aviación.

Ya, pero cuando vamos de turismo no hay tiempo para esas cosas, diréis, ¡Y si voy a Florencia,quiero ver los Uffizzi!!, Si, pero no pretendamos verlo todo. Con niños un poquito mayores se puede ir como en un juego, buscando con ellos unas diez piezas más importantes del museo, haciendo que memoricen autor y obra, comprarles al final la postal de la que más les haya gustado. Y ofrecerles si encuentran todas un helado al terminar.

Por último, debemos siempre recordar que no todas las personas que visitan un museo están inmunizadas para oír los gritos de nuestros hijos, que los museos son sitios para aprender pero también para recrearse de la belleza en paz, y saber respetarlo. Cuando nuestro hijo se inquieta, es hora de marchar.

¡Compartir con nosotros a qué museos habéis ido con vuestros hijos!