¡Cómo sobrevivir a una Fiesta de Pijamas!

Aún guardo en la retina la imagen de ocho niños de nueve años correteando por la casa a las 12 de la noche, inasequibles al desaliento. Fué sin lugar a dudas uno de los momentos más estresantes de mi vida.

Y es que yo, en principio, tenía todo bajo control. De menú, perritos calientes, hamburguesas, pollo empanado y patatas fritas con ketchup, a gusto del consumidor, bien regado con fanta y zumos de todos los sabores, aparte de la tarta, claro está.




Había organizado concursos con premios para la Fiesta de pijamas de mi churumbel. Ya sabéis, el tan manido "regalo sorpresa" que se encuentra bajo un montón de envoltorios que forman un paquete que pasa de mano en mano, el juego de las sillas, enceste en canasta, dardos... Hasta ahí la cosa estuvo más o menos controlada. Lo peor llegó cuándo comenzó el juego estrella de la fiesta: "La caza del tesoro", todavía no logro explicarme cómo explotó la situación y degeneró en batalla campal por un lado y partido de fútbol en el pasillo por otra. Con los nervios a flor de piel, decidí, para calmar los ánimos, ponerles una "peli" para que se fueran amodorrando poco a poco frente a un gran bol de palomitas y sobres de chuches. De esta "cayeron" cuatro, que transportamos hasta la habitación dónde habíamos instalado tres camas y cinco sacos de dormir. Los niños que habían sobrevivido a la película, una vez terminada, decidieron jugar al parchís, aunque duraron un minuto... el que tardaron en planear ir a despertar a los que ya estaban en los brazos de Morfeo. Ya creía yo que era pan comido poner a dormir a estos dulces bomboncitos que jugaban en el salón cuándo un grito desgarrador me perforó el tímpano. Al salir el pasillo pude comprobar como la mitad de los invitados corrían persiguiendo a la otra mitad... Cuando conseguí que aquella jauría me escuchara, trasladé la mitad de los sacos de dormir al salón. Sin cerrar las puertas de las estancias donde dormían y sin dejarles levantar la cabeza; convertida en policía, me atrincheré en el pasillo hasta que el último claudicó a la una y cuarto de la madrugada.

Tras esta experiencia, me prometí no volver a organizar una fiesta de pijamas nunca más,.. hasta que mi hija mayor, de 13 años me miró con esos ojitos y me propuso celebrar su cumpleaños con una "Pyjama party". Incapaz de resistirme a sus encantos, acepté este nuevo reto pensando que las niñas son más tranquilas y bajo promesa de que sólo vendrían cinco... que se transformaron en diez. Una vez cenadas las pizzas, vieron una película muy tranquilitas. Luego empezó la fiesta... mientras unas se hacían mascarillas con "productos naturales" procedentes de la nevera, otras montaban la "disco" en el salón... Menos mal que yo ya estaba curada de espanto, y tras aceptar la situación y dada la edad pre adolescente de las féminas, acepté resignada el asalto al "frigo" y el préstamo de todos mis instrumentos de manicura, a cambio del fin del "sarao" musical. 

Estoy convencida de que para mis hijos estos han sido celebraciones de cumpleaños inolvidables.

Si alguna de vosotras ha triunfado con este tipo de celebraciones, por favor, compartir vuestras experiencias conmigo ¡El pequeños de mis hijos aún no ha tenido a bien proponerme su Fiesta de pijamas y tengo que estar preparada para ese momento!

1 comentario:

  1. Hola, enhorabuena por tu blog, me parece de lo más interesante y todo me resulta tan familiar!!!. Yo tengo una hija de nueve años y otra de trece, que no se encuentra ni ella misma, que tortura!!!. Las fiestas pijamas son un habitual en casa, yo las pongo un colchón hinchable en el salon, chuches, bebidas, mi marido les baja dos o tres películas y unos cuantos pintauñas, cierro la puerta y Dios dirá.

    A la mañana siguiente estan cansadas pero felices y se sienten super mayores porque se durmieron a las dos de la mañana. Son adorables. Gracias por tan hermosos post, un beso muy fuerte, María

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