¿Al avión con niños? ¡Noooooo!

Las familias con niños pequeños que viajan en avión superan una prueba de amor a los hijos y hacen que la sociedad en su conjunto se vuelva más humana y tolerante. He viajado con mis hijos desde que tenían en torno a un mes de edad, y tengo batallitas para dar y tomar en los aeropuertos. Ya las desgranaré algún día. De momento, agradecer a los anónimos viajeros que fueron nuestros compañeros de vuelo su paciencia y tolerancia cuando la situación se escapó un poco de nuestro control. 

La primera situación de estrés puede producirse en la cola para facturar. Justo cuando estás llegando al mostrador, el chavalote necesita ir al baño, o sale corriendo como alma que lleva el diablo en dirección siempre contraria a donde te espera la azafata.


La siguiente prueba fuerte supone pasar el control de seguridad. Las primeras gotas de sudor te caen cuándo te anuncian amablemente que tienes que desmontar el chiringuito. Mientras con brazo sujetas a tus hijos, con el otro coges la bandeja para dejar todas tus pertenencias, pliegas la sillita y llevas las tarjetas de embarque entre los dientes.

Una vez con todo bajo control, los niños entran en un mundo de ilusión en las tiendas de "Duty Free". Lo quieren todo y lo tocan todo mientras tu miras anhelante la pantalla que anuncia que tu vuelo saldrá, con suerte, a tiempo.

El único privilegio que tienen las familias con niños que viajan en avión es el de embarcar primero, y aún eso es dudoso, porque desde que cruzas la puerta del avión todos esperan que tus chiquitines se comporten como robots, y toca controlados mientras suben el resto de pasajeros.

Durante el vuelo, aparte de convertirte en el esclavo de tus hijos para que no molesten al resto de pasajeros, normalmente todo va bien hasta que se enciende la señal que anuncia que uno no se puede mover de su asiento. Incluso si hasta ese momento estaban dormidos, un sexto sentido hace que abran el ojo. ¡Es el momento de darles las "chuches" que llevamos reservadas!

Al aterrizar ya vas temblando de la caminata que te espera cargando con los niños, las bolsas, los abrigos... porque sin piedad, las compañías aéreas han decidido que las sillitas de bebé salen con las maletas. 

Finalmente extenuado, llegas a tu destino donde, si tienes suerte te esperan los abuelos, los tíos, los amigos que te darán tiempo, por fin, de relajarte un poquito. ¡Objetivo cumplido!

1 comentario:

  1. ¡Cuánta verdad (y experiencia cierta) en este texto! Una solución puede ser una tablet o un portátil con una película. Con ello tienes casi 2 horas cubiertas que para un vuelo europeo es casi todo el vuelo :-)

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