Dudas de los padres ¿Lo estoy haciendo bien?

Leyendo la entrada de Ni Blog ni Bloga sobre Criar en casa ajena, he recordado varios momentos en los que he pensado ¡Tierra trágame! cuando mis retoños me han dejado en evidencia, en público. Situaciones en las que he sentido las miradas críticas de la gente a mi alrededor. Cuántas veces nos hemos preguntado ¿Lo estoy haciendo bien? Porque la maternidad tiene sus luces y sus sombras, sus momentos mágicos y trágicos, y por muchos libros que se lean, cada niño, cada familia es única y debe encontrar sus propios métodos de educar.

Cuando mis hijos mayores contaban con 4 y 2 años, la empresa de mi marido tuvo el detalle de invitar a todos los trabajadores a pasar un fin de semana en la nieve, con sus familias. Nosotros nos perdimos y llegamos tarde a la primera cena de confraternidad.

Los niños llegaron hechos unos tigres, tras cuatro horas de coche, con ganas de corretear. Apenas habíamos tenido tiempo de sacar las maletas del coche cuando me encontré con unos niños cansados y churretosos a los que debía sentar a una mesa formal dónde ya estaban otros retoños perfectamente aseados, sentaditos y sonrientes esperando su cena. Tras una media hora de llantos, escapadas del pequeño y correteos de la mayor, me despedí todo lo dignamente que pude con mi prole para ir a la habitación, darles un sanwich y un vaso de leche y ponerme a llorar.

Ahora lo veo en perspectiva y me parece que el comportamiento de mis hijos fue normal, pero en aquel momento lo primero que hice fue llamar a mi madre y preguntarle si creía que sus nietos eran normales, si los estaba educando bien.

Por supuesto sé lo que pensaron las otras personas sentadas en el comedor aquel día. Cuándo tengo la tentación de criticar el comportamiento de otras madres, me acuerdo mucho de aquello.

Mi tigre mayor. ¿Tiene cara de bueno?

Otro de los momentos estelares de mi vida como madre fué la llegada al aeropuerto con un bebé de año y medio cansado al que tuvimos que desalojar de su sillita para meterla por el escáner de seguridad. A partir de aquel momento no tuvimos paz, con la mala suerte de que una vez instalados en la aeronave, nos comunicaron que la salida se retrasaría media hora.

Estoy segura de que si algún pasajero de aquel avión lee estas líneas, se acordará. El chavalote sólo paró de gritar durante ese tiempo para vomitar dos veces toda la leche, zumos, gusanitos, patatas, chocolate... con que le habíamos embutido en el vano intento de calmarlo. Y lo mejor fué cuándo despegamos y tuvimos que tenerle en nuestros brazos durante veinte minutos más.

Una vez liberado de las ataduras del cinturón de seguridad, con su chupete y su osito como compañeros, se instaló cuan largo era a dormir en el rellano entre los asientos de las azafatas y el baño. ¡Y nadie osó perturbar su sueño!

Lo más sorprendente es que, de tanto en tanto, alguien ajeno nos da la alegría de felicitarnos por el buen comportamiento de nuestros churumbeles y entonces sacamos pecho y decimos con humildad. ¡Bueno, es un comportamiento normal ¿No?! Antes muertos que confesar que nuestros hijos muchas veces nos tienen tomada la medida y en casa bailamos una danza de tira y afloja constante para enseñarles a comportarse.

Cada madre o padre lo hace lo mejor que puede según sus valores y costumbres.  El poso está ahí y ellos lo utilizan cuándo quieren o lo necesitan... ¿Y cuándo llegas a hablar con la profesora de tu terremoto y te dicen ¡Este niño es un ángel, tan educado! y tu dudas de si realmente te hablan de tu tigre...?

4 comentarios:

  1. Tienes razón es que hay a veces situaciones que te hacen plantear tu manera de educar... También tego anécdotas como las tuyas y se pasa fatal en el momento pero creo que quien más quien menos lo ha vivido y yo por eso tampoco me meto en los niños de los demás porque cada uno hace lo que puede y la mayoría intentamos hacerlo de la mejor manera. Otra cosa es que te equivoques, pero ni siquiera eso es motivo para juzgar, porque creo que aun no ha nacido el padre/madre perfecto !!! Feliz semana

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  2. Ayyyy qué mal se llega a pasar a veces.
    Eso lo hemos pasado todos y pienso igual que el comentario anterior, la mayoría intentamos hacerlo lo mejor posible y no hay que meterse con los niños de los demás, siempre hasta cierto punto claro, y equivocar nos equivocamos todos.
    Mis hijos son bien mayores y me pregunto muchas veces si lo estaremos haciendo bien.
    Un besín.

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  3. En verdad sabes que nos quieres, somos unos soles!

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